Opinión: Dimayor, del bochorno de Jaraguay no se vuelve... ¿Dónde está Fernando Jaramillo?







Opinión: Dimayor, del bochorno de Jaraguay no se vuelve... ¿Dónde está Fernando Jaramillo?



Por: Mario Alejandro Rodríguez

De escándalo en escándalo. De bochorno en bochorno. Cuando se creía que no existiría un nuevo hecho que pusiera en ridículo al fútbol colombiano, la entidad rectora del balompié, la tan cuestionada y desprestigiada Dimayor, se encargó de batir el listón. Lo sucedido en la noche del sábado en el estadio Jaraguay de Montería, en lo que debió ser el partido entre Jaguares y el Independiente Medellín, ya raya en lo absurdo. Tal vez por no utilizar un calificativo que refleje este escarnio.

La indolencia de los dirigentes del torneo rentado, encabezados por Fernando Jaramillo, no tiene límites. Quedó una vez más expuesta ante el país, pero en esta ocasión transmitida en vivo y en directo en horario 'prime', cuando se pretendió -sin éxito- obligar a un equipo a renunciar a sus principios. Y se quiso preservar el espectáculo por encima de los fusiles, pues ante la amenaza real que padecen los habitantes del Sinú prefirieron vender una falsa tranquilidad. Todo orquestado desde Bogotá.

Como si fuera una realidad paralela y vivieran en el país de Narnia, como si los múltiples videos que muestran el horror del crimen por estos días fueran ficción, el alcalde de la capital cordobesa, Carlos Ordosgoitia, y sus secuaces, armaron una cruel pantomima con el ya desvalorizado FPC. Intentaron menospreciar, a toda costa -y tal vez por órdenes desde la Casa de Nariño- los temores legítimos del 'Poderoso'. Y minimizar lo que fue evidente: que el paro armado del 'Clan del Golfo' sí existe.

Ni siquiera les importó que su principal socio y defensor mediático, como Win Sports, decidiera darles la espalda y proteger, como es apenas lógico, la integridad de sus colabores y equipo periodístico, alegando las mismas razones de seguridad que expuso el 'Decano' en sus comunicaciones. Esta vez, el canal que no todos 'queremos' tomó una decisión consecuente con la actualidad de orden público, por más de que haya sido el vehículo informativo de semejante despropósito e incoherencia.

Si el panorama era tan favorable para llevar a cabo el encuentro en el césped de Jaraguay, ¿Por qué no asistió el dignatario del ente rector? ¿Acaso se fue de vacaciones fuera del país?... Razón tiene el defensa del 'Rojo' paisa, Andrés Cadavid, quien en su perfil de Instagram, muy a su estilo, se desahogó tras este escándalo y tiró una frase que resume a la perfección lo sucedido. "En la universidad  me di cuenta de que en las grandes ciudades vivimos en una burbuja y somos 'importaculistas'", dijo.

Nada más cierto. La comodidad de un escritorio, la vida citadina, nos impide dimensionar la gravedad de esta situación. Y sobre todo, que existan colegas que hagan 'maromas' para justificar lo que a todas luces no tiene defensa, por miedo a no perder el beneplácito de quienes dicen regir los destinos del fútbol. La tal llamada institucionalidad no existe, pues hasta los presidentes de clubes lo perciben así, y no temen en decirlo públicamente, como lo ha hecho el de Santa Fe, Eduardo Méndez. 

Se volvió un lugar común el bochinche. Tanto así que nos harían falta líneas para mencionar los múltiples sucesos que han puesto en entredicho al certamen: no solo a nivel local, en donde su descrédito es inmenso, sino desde afuera prácticamente se burlan del balompié 'cafetero'. Todo ello, como es apenas natural, con serias repercusiones en las participaciones continentales, en las que se va de tumbo en tumbo; y con el doloroso fracaso de la Selección Colombia en las Eliminatorias.

Hace apenas dos semanas, Deportes Tolima imploró por unas mejores condiciones en su programación ante Alianza Petrolera, por la jornada 17 de la Liga. Y, en respuesta, como si fuera un castigo jugar la Copa Libertadores, recibió el peor horario posible para su cotejo en el Daniel Villa Zapata. Aún así tuvo la gallardía de presentarse al juego con 11 canteranos en nómina y lograr un triunfo que no solamente es un logro de la institución, sino una bofetada al denominado ente rector. 

La violencia se normalizó de tal manera en el deporte, que ni siquiera un muerto ha sido capaz de frenar los actos criminales que han tenido lugar, fecha tras fecha, en el Sierra Nevada de Santa Marta. Qué más da, diría Jaramillo, disfrutando de la 'Ciudad del Sol' y del rugir de los motores, exponer a los protagonistas del espectáculo si no es su 'pellejo' el que está en riesgo. "Deben atenerse a las consecuencias", vociferaba en medios tratando de librar responsabilidades. Nada más pusilánime.

Es tal el desorden en el que se encuentra el FPC, que la final del Torneo de Ascenso del 2021 se jugó cuando los dos equipos que habían obtenido el tiquete a la A, Unión y Cortuluá, ya habían disputado, al menos, 10 fechas en la Primera División. Eso es como comerse el pastel antes de la fiesta, pues ya no existía incentivo alguno que entregar.Es tal la desfachatez de la Dimayor, que terminaron engavetando el duelo de la vergüenza, entre Llaneros F.C. y -otra vez- Unión, por falta de pruebas.

Técnicos que dirigen tras bambalinas para escabullirse del reglamento, Delegados que en realidad son camuflados estrategas, dirigentes que a estas alturas manejan doble contratación. Directivos que apoyan a barrasbravas para que sigan cometiendo sus fechorías. Multimillonarias multas a títulos personales pagadas con el dinero del fútbol, parecen ser minucias ante lo que sucedió en suelo cordobés. La estructura está podrida, tanto así que el olor nauseabundo trasciende ya las fronteras.

Todo esto solo en lo que ha corrido del año, porque si empezáramos a mirar por el retrovisor habría que traer a colación, entre otros, el partido de los 'Siete' de Rionegro Águilas ante Boyacá Chicó, de mediados del 2021. Una cuestionada victoria que no les sirvió en absoluto a los 'Ajedrezados', quienes al final perdieron su lugar en la Liga. O los sonados casos de Cúcuta Deportivo y Real Sincelejo, este último al que ni un fallo judicial le ha servido para hacer valer su derecho de jugar en Segunda. 

"Somos una cofradía y decidimos a quién dejamos entrar", mencionó alguna vez el expresidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, para apoyar el actuar de la asamblea de clubes. Pero tal parece que esta especie de logia también tiene sus fracturas internas, pues no de otra forma se explica la falta de colegaje y el espíritu oportunista de Jaguares. Apegados a las leguleyadas del reglamento recibirán tres puntos por los cuales no sudaron ni una gota, y de paso se llevarán por delante la imagen del FPC.

Qué vergüenza...






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