Editorial: La ausencia de códigos y la traición de Álvaro Montero al DEPORTES TOLIMA






Editorial: La ausencia de códigos y la traición de Álvaro Montero al DEPORTES TOLIMA


Si hay algo que caracteriza al fútbol moderno es, lamentablemente, la carencia de valores y de códigos, pues una buena parte de los protagonistas del espectáculo, sin pudor alguno, ahora se mueven al vaivén del 'Dios' dinero. El respeto a las instituciones, pero más que eso a las hinchadas, que son la razón de ser de este deporte, cada vez es menor, y si bien las leyes deportivas amparadas por la FIFA protegen cuestionables procederes individuales, por más que sean legales no dejan de ser antitéticos. 

Y no es que sea pecado siempre aspirar a mejores contratos, pues aunque sea más excusa que realidad, la del futbolista es una carrera efímera, y con romanticismos no se lleva el pan a la mesa, ni se aspira a una vejez digna. Pero por más de que exista algo de verdad en aquello que hay que asegurar el futuro económico en pocos años, también es cierto que para ello no hay que trastocar las buenas maneras. Por desgracia, no todos los entienden así, pues basta con ver lo que hizo Álvaro Montero.

No admite discusión que el guardameta se equivocó, así una 'horda' quiera defender lo que hizo contra 'viento y marea' y alegue todo tipo de argucias para darle la razón. Y erró no por el deseo de querer marcharse del club que le dio un nombre en el fútbol profesional colombiano, pues eso ya era 'vox populi', sino por la manera en que lo hizo. Nunca antes se vio que un jugador fuera presentado por su nuevo club aún teniendo contrato vigente, y ad portas de partidos cruciales en el torneo liguero.

Montero, tal vez enceguecido por la mala relación que tiene con el presidente y dueño del equipo, Gabriel Camargo, y por lo que sería su bajo salario, pese a que gracias a sus atajadas el conjunto de Ibagué pudo cosechar dos títulos; o quizá presionado por los compromisos adquiridos con empresarios, se dejó deslumbrar por 'cantos de sirena' y aceptó la propuesta de Millonarios, cuando su nombre -se decía- estaba en la mira de clubes de Argentina, Turquía, España, Francia, Estados Unidos y México.

Cómo se podría entender que, a sabiendas de las fuertes diferencias con la dirigencia 'Albiazul', quizá con origen desde la fallida aspiración de César Camargo, hijo del exsenador, a la presidencia de la Dimayor; y de la polémica que se gestó en la definición del título de la Liga 1 2021 por el tema arbitral, el futbolista posara junto a uno de los personajes más resistidos por el club: Gustavo Serpa, representante del socio mayoritario del elenco capitalino, con una insólita sonrisa 'de oreja a oreja'.

Sin temor a exagerar, lo de Álvaro es una traición a carta cabal. El fútbol no es una profesión cualquiera y como tal tiene una especie de 'mandamientos' que se deben respetar. Es una actividad enmarcada por la pasión y la subjetividad. Y lo mínimo que se esperaba del golero, insistimos, quien todo su derecho de buscar su bienestar económico donde mejor le plazca, era un poco de decoro con una parcial que lo respaldó, incluso, en momentos realmente complejos para su futuro contractual.

Viene al caso la suspensión de dos meses que tuvo que cumplir el jugador entre octubre y noviembre de 2019 por el positivo de Isometepteno: Sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). De no ser por la diligencia de la institución en respaldarlo con un abogado experto en el tema -por más de que el afán del 'Vinotinto y Oro' en ese momento haya sido proteger su inversión y no la persona como tal- Álvaro pudo reaparecer pronto en los terrenos de juego. 

Como también es relevante en la discusión que fue por el dirigente que su proceso en la 'tribu' se aceleró, pues como el mismo dirigente lo reconoció a medios radiales, no tuvo problema alguno en sentar a uno de los máximos referentes del último tiempo del plantel, como el paraguayo Joel Silva, para que empezara a mostrarse bajo los tres palos del equipo. Con fortuna para ambos -Montero y Camargo- que en el momento en que más se necesitó, el portero estuvo a la altura en su posición. 

¿Quién era Álvaro Montero antes de llegar al 'Pijao'? Es una pregunta válida para reforzar el planteamiento de que el equipo que lo ayudó a forjarse un camino en el fútbol competitivo, y la gente que lo sigue, merecía respeto. A Ibagué llegó procedente de un cuadro de Segunda División, como el Cúcuta Deportivo, en el que más de no tener un buen sueldo luchaba por ganarse un lugar en la titular. Antes había pasado sin éxito por clubes como Sao Caetano de Brasil y San Lorenzo de Argentina.

Mientras que el conjunto de la 'Tierra Firme' era uno de los invitados de honor a instancias definitivas de los campeonatos, escaso de títulos. No se puede negar, bajo ningún modo, que el arquero jugó un papel determinante para que el escudo ya no tuviera una sino tres estrellas, sobre todo en aquella definición del 9 de junio del 2018, cuando fue el héroe en el Atanasio Girardot. Pero por ese mismo legado, por ser sinónimo de gloria para el club, se esperaba mayor decencia en sus actos. 

Estamos convencidos de que si el deseo genuino del jugador era ir al balompié del extranjero, como se encargó de pregonarlo en los medios, la decisión tomada fue errónea. Para nadie resulta un secreto que si hay un club en Colombia que sabe vender muy bien al mundo ese es Deportes Tolima, pues no en vano pudo transferir -solo en este año- a los volantes Yeison Gordillo y Jaminton Campaz, a ligas competitivas como Argentina y Brasil. Es toda una cantera de talentos y una 'fábrica' de billetes.

Así como Montero llegó y se fue, otro vendrá a ocupar su lugar. Si algo aprendió la familia que rodea al elenco 'Musical' es a asumir estos duelos, a entender que en el modelo del equipo propuesto por Camargo Salamanca -con todo y sus errores- las salidas de sus jugadores más importantes son algo rutinario. Y que la frase "Los hombres se van, las instituciones quedan" tiene mayor sentido con el pasar de los años. No deja de doler, eso sí, la 'bofetada' mediática que le propinó el ídolo al club. 

El hombre que pudo irse por la puerta grande, con el cariño de todo un pueblo, y dos trofeos en sus hombros como el portero más exitoso en casi 67 años de historia, escogió escaparse por las rendijas, sin despedida y seducido por unos pesos de más. A diferencia del siempre criticado Marco Pérez, quien además de recibir el reconocimiento de la gente dejó una millonaria transferencia en las arcas del equipo, el guajiro se llevó la 'marmaja' con él, creyendo justo recuperar lo que seguro dejó de ganar.

La vida y el fútbol, siempre lo decimos, se encarga en poner a cada quien en su lugar. Y la madurez que dan los años puede que hagan reflexionar y pedir perdón al hoy joven soberbio y prepotente, quien actuó mal y parece no entenderlo. Porque hay maneras, y de aquel al que le valorábamos sus posturas diáfanas y contundentes con el hincha, le reprochamos su juego 'tapado' y sucio. Porque no es solo ser un buen futbolista, sino un profesional íntegro que pueda avalar con sus acciones lo que su boca dice.

Foto: Jorge A Cuéllar






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