Editorial: Los silencios del DEPORTES TOLIMA


Parece ser que la respuesta del Club Deportes Tolima a sus múltiples deficiencias de índole administrativo es el silencio. Siempre que un hecho coyuntural lo pone en boca de todos, la estrategia es la misma: Se apagan celulares y se evaden comunicaciones, tal vez para no dar explicaciones a situaciones incómodas, que en cualquier otra organización resultarían absurdas.

Solo basta recordar el escándalo que representó la salida del entrenador uruguayo Gregorio Elso Pérez para darse cuenta cómo manejó el club el tema. La respuesta a las acusaciones de Pérez, quien dijo abiertamente que el presidente del club, Gabriel Camargo, trató de armarle la nómina, fue el silencio. 

Este solo se rompió una semana después, cuando el dirigente aplazó otras actividades que tenía programadas para reclamarle -personalmente- al periódico El Nuevo Día, la forma en que había catalogado este bochornoso hecho.

Al fin de cuentas, en entrevista con ese mismo medio, Camargo terminó reconociendo que en su calidad de dueño del equipo tenía facultades para hacer lo que el estratega denunció. "Si lo hiciera estoy en todo mi derecho, porque soy el que pongo la plata", espetó.

Un mes después de este insuceso, la noticia sigue siendo de interés para los medios uruguayos, conocedores de primera mano del trabajo de su compatriota y al que consideran como un profesional intachable; razón por la cual la versión de Camargo resulta difícil de creer. 

También es 'Vox Populi' que la institución deportiva pretendería hacerle 'conejo' al compromiso que hizo -no solo con el Instituto Municipal para el Deporte y la Recreación de Ibagué (Imdri)- sino con la niñez ibaguereña, reglamentado en el Acuerdo 019 de 2016 que le otorga generosos beneficios para tomar en alquiler el estadio Manuel Murillo Toro.

En los partidos ante América (7 de febrero) y Nacional (18 de febrero), en los que debió permitir la entrada gratuita de menores entre 5 y 16 años a la tribuna Nororiental, el club le apostó a la desinformación en sus redes sociales (Datos inexactos), y posteriormente al silencio (No responder inquietudes), para 'obligar' a sus jóvenes aficionados a pagar la entrada; so pena de perderse el espectáculo.

Por este silencio, el Imdri -que tuvo que enviarle una fuerte misiva al club para obtener respuesta- tiene en curso un proceso que podría determinar una sanción económica para el club si se determina que hubo incumplimiento del contrato.

Esto tiene muy molesto al alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, quien al iniciar su mandato comenzó a poner en cintura a Camargo, acostumbrado a que las anteriores administraciones, como la del polémico Luis H. Rodríguez, se rindieran a sus pies.

Más silencio

En lo que respecta al plantel, los hinchas se quedaron esperando el comunicado en el que se oficializaba la salida del venezolano Michael Covea, quien antes de irse denunció que Camargo le había cambiado las condiciones contractuales, por lo que ya no resultó rentable para él quedarse en Ibagué. 

En ningún momento se informó el por qué el arquero Luis Delgado no fue convocado en las cuatro primeras jornadas de la Liga, cuando sobre él se tejieron una serie de especulaciones y rumores que -a la fecha- aún no han sido desmentidos.

Pero el silencio también se nota en situaciones cotidianas. Desde la jefatura de prensa del club no se informa de la actualidad de los jugadores que resultan lesionados, como dejaron de publicarse las medidas de seguridad para cada compromiso de local. 

Tampoco se le ha dado respuesta positiva a las peticiones de los periodistas que desean ver los entrenamientos en la nueva sede deportiva. Según alega el club, no se ha autorizado el ingreso para evitar accidentes en un espacio que está en construcción. 

Lo extraño es que el pasado 25 de enero tales riesgos no existieron, cuando la intención era que los comunicadores le dieran amplio despliegue a la inauguración oficial de la sede, evento en el que estuvo Camargo. Pero cuando se trata de hacer el trabajo diario, sí existen trabas y excusas, y poca colaboración del titular de prensa, Luis Fernando Giraldo Gutiérrez. 

Y ante la renuncia presentada por del argentino Víctor Hugo Del Río como veedor de las divisiones menores del cuadro tolimense, tres días después se desconoce algún pronunciamiento por las redes sociales oficiales; al menos en forma de agradecimiento a este ídolo de la institución, que para muchos ha sido jugador más importante en los 62 años de historia deportiva. 

Caso aparte

El lamentable episodio vivido el pasado 5 de enero por Mario Alejandro Rodríguez, director de El Rincón del Vinotinto, quien fue sacado de la presentación oficial del estratega Pérez por los policías escoltas de Camargo, aún no tiene explicación oficial por parte del dirigente. 

El mismo se ha negado a responder la comunicación que el pasado 23 de enero la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) le hizo llegar, con serios reparos hacia su actuar; que por desgracia fue noticia nacional.

Es tal el deseo del club de impedirle a toda costa el derecho al trabajo y a la libertad de información de El Rincón, que Giraldo no ha respondido ni uno solo de los correos electrónicos que solicitan información puntual sobre el proceso de acreditaciones para la presente temporada. 

Es más: Fue evasivo en la petición que se le hizo vía Whatsapp y tras conocer nuestra solicitud bloqueó cualquier forma de establecer diálogo por este canal. El desinterés del gerente Ricardo Salazar, mano derecha de Camargo, también es insólito. 

Tan preocupante es el trato que recibe la prensa local que ad portas del cuarto partido como local del 'Vinotinto y Oro' en la Liga Águila 1 2017, y con uno jugado en la Copa Conmebol Sudamericana, los comunicadores aún no reciben su acreditación para hacer su labor. 

El ingreso al escenario se lleva a cabo con escarapelas del 2016, cuando los colegas de diferentes partes del país ya cuentan con su documento. Bueno, al menos ellos -de una u otra forma- han logrado llevar a cabo su labor. Nosotros no. 

Si se hiciera un rápido diagnóstico comunicacional del Deportes Tolima, no cabe duda de que los resultados serían nefastos. No hay un vocero designado, no existe un manual de crisis y lo peor de todo, no hay ningún interés en romper con esos silencios que tanto daño le hacen al club, lo que da lugar a diversos rumores. 

Hablarles de frente a los aficionados, darle información precisa, darles un buen trato y facilitar el trabajo de la prensa no son prioridades de una administración que por lo visto se quedó en el pasado.



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