Opinión: El día después de la eliminación








Opinión: El día después de la eliminación






Por: John Esteban Villada (@jest002)

Uno se levanta el día después de una eliminación como quien sale de una pesadilla. Vas por la calle pisando escombros. El paisaje es el reflejo del alma y tu alma acaba de perder una guerra. Te sientes derrotado y sólo existe desolación. Te pesa el cuerpo, que no es otra cosa que el peso del dolor.

Avanzas a duras penas y a cada paso que das recuerdas una de tantas ocasiones erradas. Y entonces duele más. Sacudes la cabeza a cámara lenta, como intentando sacudirte de la realidad y el dolor. Y se te clava en la cabeza aquel postazo de Quiñones en Techo, o la de Arias en el primer tiempo en el Atanasio, o cuando Marco Pérez evadió al portero y no logró definir.

Ahí estuvo la final, ahí estuvo nuestra felicidad.

Uno no se da cuenta de lo feliz que le hace el Deportes Tolima hasta que ves al club de tu vida levantando un título. Uno no se da cuenta de lo que le duele el Deportes Tolima hasta que ves al amor de tu vida siendo eliminado a puertas de una gran final.

El tiempo lo cura todo, pero pasan las horas y pasarán los días y la desazón seguirá viviendo en mí. Peor será cuando llegue el 7 de junio y veamos al Cali o al DIM alzarse con la que pudo ser nuestra Copa, sí, la tan anhelada segunda estrella.

Toca aguantar ahora burlas y despropósitos de todos aquellos que nos esperaban agazapados, deseosos de vernos caer. Avanza el día y el dolor camina conmigo, pues al Tolimensista sólo le interesa su equipo y no encuentra consuelo en este sentimiento a pesar del fracaso.

Sé que volveremos. Sé que en seis meses volveremos a vestirnos de primavera, de nervios e ilusiones. Pienso más en estos momentos en la hinchada que en los jugadores. Me dan exactamente igual ahora mismo los jugadores. Conozco tu dolor y tu rabia porque es la mía, porque sientes lo mismo que yo. Ellos, a pesar de su entrega, no laten el mismo sentimiento que tú y yo.

Pero llegará diciembre y de nuevo con nosotros la ilusión. Sucede así desde que tengo uso de pasión por el Deportes Tolima. Volveremos a soñar con un 2003 en 2015. El año en que más feliz me hizo ese club que mide mi estado de ánimo.

Al contrario de lo que muchos opinan, ser del Deportes Tolima es agotador, tanto en la victoria como en la derrota. El aficionado sufre un desgaste psicológico importante en noches como la de ayer y en días como hoy. Por no hablar de las previas y el partido mismo, donde los nervios se apoderan por completo de uno y la cabeza sólo vive por y para la hora del inicio.

Nadie sabe los años de vida que el Deportes Tolima nos quita de media a lo largo de una temporada.

Hay que empezar a retirar escombros, alejar ese paisaje desolador de nuestra mirada, avanzar con paso firme y decidido, ir despojándonos del dolor en pequeñas dosis, en la medida que sea posible, y hacerse a la idea de seguimos en dando batalla, a pesar de no contar con las grandes ventajas de otros clubes del país.

Volverá la ilusión, insisto. Volverá primavera, las flores y el Deportes Tolima. Ahora es tiempo de convivir con este luto, el dolor que todo amor trae consigo. Amar es dolerse vivo. Amar es sufrir contigo Vinotinto y Oro querido.








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