Editorial: Lo que mal empieza...


Bien claro lo tenía, desde hace algunos días ya, el guardameta paraguayo Joel Silva: "Lo que mal empieza, mal termina". Esta frase popular que tantas veces nos decían nuestros padres y abuelos para tratar de encontrarle lógica al fracaso fue perfecta para describir, una vez más, la actual situación del Deportes Tolima. 

Muy contrario a nuestro pesar, el 'Vinotinto y Oro' no fue capaz con el reto que a principio de temporada se trazó y con una nómina que en el papel era competitiva le dijo adiós de forma prematura a la Liga Águila 1 2017. 

Pero como es apenas natural, este duro revés tiene sus causas. Incluso podría decirse con certeza que el camino hacia la debacle tiene hasta fecha: el 8 de febrero de 2017, cuando el presidente del club, Gabriel Camargo, dejó en claro que con su equipo hace lo que se le da la gana.

Ese día, el polémico dirigente decidió echar al estratega uruguayo Gregorio Pérez. El motivo, como bien lo explicó el charrúa, fue uno solo: La negativa a que Camargo manoseara su trabajo, como el propio exsenador supo confirmarlo entre líneas a un medio impreso local.

Luego, sin éxito, el presidente intentó camuflar su decisión en diferencias personales y en peticiones exageradas de Pérez. Quizá todo ello sea cierto, como también lo eran los comentarios positivos de los futbolistas, quienes se mostraban a gusto -al menos ante los medios- con el trabajo que implementó el entrenador en apenas 32 días.

Al pobre Óscar Héctor, quien llevaba más de un año sin dirigir, el viejo Gabriel lo trajo a 'apagar' un incendio que el mismo provocó, en un fallido sofisma para acallar las fuertes críticas. Lo insólito, es que fue a Quintabani al que le tocó capotear de entrada con los graves señalamientos que dejó en el aire Pérez. Porque su jefe no hizo lo mínimo: Dar la cara.


Posteriormente vinieron los múltiples escándalos en los que el club se vio envuelto. La partida de Michael Covea, quien desistió de quedarse cuando -al parecer- Camargo le cambió las condiciones contractuales y la bochornosa denuncia de Michael Ordóñez, quien lo acusó de no querer pagarle el suelo que se ganó en cada entrenamiento, rebosaron la copa de los hinchas, apenas en mes y medio de campaña. 

Y es que en vez de ponerle el pecho a la brisa, Camargo también se dedicó a vetar periodistas y medios, como lo hizo con El Rincón del Vinotinto, a menospreciar el significativo apoyo de las empresas de la región, que decidieron creer en su producto y en últimas lanzarle 'dardos' a los hinchas, por taquillas que a su juicio eran 'ridículas'. 

Se olvidó de que al aficionado hay que verlo como consumidor de un producto que, si es de mala calidad, simplemente no se compra. 

Así se gestó un caldo de cultivo para un final que de dramático no tuvo nada. La soberbia, principal característica en Camargo Salamanca, le impidió reconocer que se equivocó de entrada con la destitución de Pérez. Es cierto: Nadie garantizaba que con el uruguayo el éxito estuviera a la mano, pero al menos este ya tenía un terreno abonado en un grupo que durante tres años tuvo el 'chip' Gamero insertado hasta la médula.

Por su parte, el profe 'Quinta' no tuvo la claridad necesaria en sus determinaciones y pecó una y otra vez. Quiso encontrar justificación a su mal momento en el 'Hospital' en el que se convirtió su equipo, que llegó a tener hasta 10 integrantes de forma simultánea entre 'algodones'. Pareció lograrlo, pero poco a poco quedaron en evidencia sus errores en la conformación de las nóminas.

Y cómo se explica que en varios partidos haya desistido de hacer cambios, cuando era evidente el mal proceder táctico y técnico. Claro ejemplo de ello es que 'condenó' a la banca a la principal apuesta de Pérez: Sebastián Villa, mientras a otro como Jairo Molina, el goleador de la pretemporada, lo ignoró cuando tuvo la posibilidad de volver. Solo por citar dos nombres. 

No obstante, los jugadores también tienen su cuota de responsabilidad en este fracaso. En especial el sector defensivo, que es el segundo más goleado del campeonato, con fallas garrafales que no son correspondientes a jugadores que viven por y para el fútbol. 

Esgrimir más argumentos, cuando desde el pasado 26 de enero las puertas de la sede deportiva fueron cerradas para la prensa, resulta imposible y hasta irresponsable. Lo que sí es cierto, es que de aquel equipo que nos hizo soñar con una nueva estrella hace cinco meses solo queda el recuerdo. 

En síntesis, el Club Deportes Tolima se maneja al vaivén del estado de ánimo de su dueño, de sus pasiones, pero también de sus odios. Y con dos retos más por delante, la Copa Águila y la Copa Sudamericana, el panorama es bastante oscuro.

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